martes, 23 de septiembre de 2008

Etapa 3: Logroño - Grañón (58 km)

Hoy supongo que es uno de esos días en los que uno descubre porque el camino es diferente y casi místico. Y la razón de está magia no está en los paisajes, ni en los monumentos, ni siquiera en la superación personal. La magia está en las personas que revosan espíritu del camino y uno tiene la suerte de conocer en alguna de las jornadas de la travesía.
Hoy por la mañana conocimos al primero de ellos. Salimos de Logroño y yo buscaba un lugar en la ruta donde desayunar. Cuando nos dimos cuenta ya habíamos salido de la ciudad y mis fuerzas con el estómago vacío comenzaban a flaquear. En ese momento vimos un puesto donde daban pasteles y fruta a los peregrinos. Esta comida me revivió más aún cuando fue acompañada por un trago de caluroso vino moscatel que supo a nectar divino. El artífice de todo esto era Marcelino Lobato Castillo que lleva echos más caminos que años tengo y en sus palabras "ofrece estos alimentos a los peregrinos para devolver al camino parte de lo que ha hecho por él". Marcelino es una de esas personas con una personalidad que te cautiva en sólo unos minutos y que transmite optimismo y solidaridad con tan sólo una mirada.
El segundo personaje que personifica el espíritu del camino es Jose Manuel, hospitalero de Grañón en cuyo albergue parroquial nos quedamos esta noche. Es un sitio muy humilde. No hay lavadora, las colchonetas sustituyen a las camas y hasta carece de agua caliente por una avería en la caldera hace una semana. De todas formas el calor de hogar compensa con creces la falta de otras comodidades. Desde la primera frase Jose Manuel (que pasa sus vacaciones de voluntario regentando este albergue) te hace sentir parte de una gran familia, una familia compuesta por alemanes, coreanos, belgas, franceses y un largo etc. hasta sumar 28 personas entre las que sólo somos 6 españoles. La cena y el desayuno van incluidos en el precio de la estancia que es la voluntad. Eso sí, todo el mundo coopera a pelar patatas, cortar cebolla, poner la mesa o fregar los platos. Después de la cena oración en la capilla (afortunadamente voluntaria).
Podría hablar de la ruta, de sí hubo muchas cuestas, de sí es una etapa difícil, de los monumentos que vimos, de cientos de cosas, pero hoy de lo que quería hablar es de lo realmente importante del camino, la gente que lo vive de verdad.
Ahora os dejo que me toca ayudar a poner los platos para cenar con mi familia multicultural de hoy.
Espero haber sabido transmitiros algo del espíritu del camino que hoy nos envuelve en este albergue pero supongo que no sólo se puede saber sí se ha vivido. El camino no se hace, el camino se vive. Buenas noches y buen camino

1 comentario:

Emilio dijo...

Me alegro que hayáis encontrado tan pronto el Espíritu del Camino. Eso es que estáis receptivos.
Pero no olvidéis que vosotros también formáis ya parte del mismo.
Y poco a poco el mundo exterior se va alejando...
Buenas noches y buen camino peregrinos.